• Redacción

La publicidad oficial y la corrupción en la prensa


Infructuosos han sido los esfuerzos de las organizaciones periodísticas del país para evitar que la publicidad estatal se convierta en arma de manipulación por parte de los altos funcionarios del Estado.

Es lamentable para el periodismo pero en campañas políticas se tiene que alinear en favor de alguna candidatura porque se corre el riesgo de ser víctima de una implacable persecución por el candidato vencedor, cuando no es afecto del medio de comunicación.

En Cali fue pública la actitud del hoy alcalde Jorge Iván Ospina en contra de los medios de comunicación como El País y La Razón, del primero prometió "acabarlo" al someterlo a una sequía publicitaria y al segundo lo empezó a demeritar señalándolo de estar aliado a las mafias del juego. En una fingida huelga de hambre amenazó con dejarse morir si los dos periódicos no rectificaban que estaba siendo investigado por la fiscalía y la procuraduría. No ocurrió, ni lo uno ni lo otro. Ospina no murió de hambre y los periódicos no rectificaron.

El Diario El País, está atravesando por una crítica situación económica que lo llevó a acogerse a la ley de insolvencia. En años anteriores sobrevivió, de la pauta jugosa de los gobiernos municipal y departamental, la cual obtenía de sus permanentes informaciones de halago hacia los mandatarios, como Rodrigo Guerrero, Maurice Armitage, Ubeimar Delgado, Dilian Francisca Toro. 

Uno de sus columnistas Diego Martínez Lloreda, cometió la ligereza en una charla en la Universidad Autónoma de Occidente de prometerle a la ciudad que haría hasta lo imposible para evitar que llegara a la alcaldía el señor Ospina.

Pues para desgracia del periódico EL País, Jorge Iván, ganó la alcaldía y con ello se perdió la total imparcialidad del rotativo caleño que cayó a lo profundo del terrible sótano de la zalamería. De un momento a otro, El País, no volvió a denunciar la corruptela del poder local. Nunca se investigó los sobrecostos en los mercados, en los elementos de seguridad. Ni una sola línea del manejo errático del mandatario a la pandemia. Las columnas críticas desaparecieron y se perdió uno de los baluartes del periodismo como es la credibilidad. La misma contundencia de El País frente a los gobiernos de Jhon Maro Rodríguez, Ricardo Cobo y Apolinar Salcedo, en esta oportunidad es una débil y complaciente actitud frente a la administración Ospina. En términos sencillos, parecen arrodillados.

El silencio

¿Por qué El País no denuncia lo que pasa en la ciudad? La respuesta es sencilla: porque estaban esperando la pauta del gobierno local que esta vez le llegó por 45 millones de pesos, cifra insignificante para los 2 mil y 4 mil millones que recibían de las anteriores administraciones. Por escasos 45 millones de pesos, El País, ha silenciado su voz de denuncia y prefiere regirse por las reglas de quien alguna vez fuera su director, Alvaro José Lloreda: "Esto no es un medio para hacer denuncias, es un medio para hacer plata".

Pero es obvio que la crisis del periódico El País no es solo de ese medio de comunicación, sino de casi todos. Por eso Ospina aprovechó y en el plan de medios incluyó con jugosas tajadas al Diario El Tiempo, a Caracol Televisión, al Diario La República, al Espectador y para los medios alternativos ni un solo centavo. Con eso busca acallar las voces nacionales para que no lo critiquen. 

Razón tenía el Procurador General de la Nación, Fernando Carrillo Florez, de prohibir la entrega de publicidad por alcaldes y gobernadores porque en medio de está pandemia, los medios comprados, se harían al lado de los corruptos y eso está pasando. Al final por la presión de los llamados medios masivos, la directriz del procurador se cayó y ahí están los resultados.


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